La emblemática artesanía de barro bruñido en San Sebastián Atlahapa evoca a la fauna local con la tradicional figura del ave, elaborada con una técnica ancestral que ha resistido los embates de la modernidad por generaciones
Nayeli Vélez
Tlaxcala, Tlax.- En la laguna de Acuitlapilco, vecina vigilante de dos de las comunidades rurales del municipio de Tlaxcala, es cotidiano encontrar parvadas de patos que chapotean en el espejo de agua o sobrevuelan el azul cielo custodiado por la Matlalcueyetl.
La distintiva fauna, adoptada por los lugareños, es sin duda, la inspiración de esta particular artesanía que ha dado identidad a San Sebastián: los famosos patitos de barro bruñido.
El barro o arcilla, abundante en el suelo de San Sebastián, es la base de la artesanía, reconocida por la milenaria técnica con la que es elaborada.
Basta escarbar unos centímetros para obtener la materia prima que da vida a estas emblemáticas vasijas, que, en tiempos pasados, permitía almacenar agua extraída de los pozos, manteniéndola fresca gracias a las propiedades térmicas del material y a su singular forma, ya que las ‘patitas’ que sostienen el cántaro, permiten tenerlo lejos del contacto con las superficies.
Hoy en día, estas piezas han adoptado un papel ornamental, embelleciendo hogares como centros de mesa o adornos de vitrinas, con su forma particular y evocando la esencia de las localidades campesinas.
La técnica ancestral del bruñido, considerada la más antigua en la historia de la cerámica y utilizada desde la era neolítica, según se tienen registros, otorga a estas vasijas su característico brillo natural y textura impermeable.
El proceso comienza con el modelado de la pieza, que luego es bruñida y recubierta con un engobe que le proporciona su tono rojizo característico, para, posteriormente dejarla orear; luego se vuelve a bruñir y se esgrafía mediante incisiones y raspaduras superficiales. Finalmente, la pieza se hornea a una temperatura de 600 °C, para darle el acabado y forma deseadas.
El resultado final es una pieza completamente natural, libre de esmaltes o productos industriales, apta para contener alimentos y líquidos. La dedicación y el esmero de los artesanos se reflejan en cada detalle, preservando una herencia que resiste el embate del tiempo y la llegada de métodos modernos para fabricar recipientes de barro.
Antiguamente, en esta comunidad rural, se utilizaban tinajas para trasladar agua desde los pozos comunitarios hasta los hogares, donde se vertía en recipientes más pequeños como los cántaros. Las formas de las piezas, como el cántaro en forma de pato, son expresiones del espíritu creativo de los artesanos y de los habitantes de esta localidad, quienes encuentran inspiración en lo que observan en su entorno cotidiano.
Y es gracias a esta familiaridad con el entorno, que los artífices de la arcilla han tomado toda clase de inspiración para la creación de piezas con esta técnica, emulado a la fauna local, como toritos, mulitas y hasta tortugas transformadas en ocarinas de barro.
Aunque los patitos de barro bruñido han perdido su uso original como recipientes para recoger agua de ríos, su presencia prolífica sigue siendo un símbolo inconfundible de Atlahapa; pues representan tradición alfarera; tributo a las manos que, con esfuerzo y pasión, perpetúan el legado de un arte milenario.
Hoy, al igual que en el pasado, los patitos de Atlahapa continúan siendo la estampa viva de un pueblo que celebra su historia y la noble arcilla que nace de sus entrañas.



